04/01/2006
Múltiples informaciones findelmundistas circulan en estos días por una Red tomada por cibermayas, neoaztecas, templarios urbanos, alquimistas-antiglobalización y nuevos zoroastras. El mundo será destruido, pero algo evolucionaremos.

¿Anda pensando en meterse en una hipoteca? ¿En invertir en bolsa? ¿En fijar su residencia en un lugar paradisíaco pero situado sobre una falla tectónica? Un consejo: no firme nada sin antes consultar al astrólogo de turno. Este artículo reúne algunas de las múltiples informaciones que circulan en estos días por la Red. Algunas de ellas son buenas. Otras no. Primero la noticia mala. De aquí al 2012, las cosas van a ir de mal en peor:

– La corteza terrestre experimentará un incremento de la actividad volcánica, movimientos tectónicos, terremotos y desplazamientos de tierras.
– El sistema inmunológico de los animales -incluyendo los seres humanos- se irá debilitando progresivamente.
– La magnetosfera terrestre también se debilitará y la radiación cósmica del sol incrementará los casos de cáncer y los trastornos psicofísicos de las personas.
– Una ola de calor aumentará la temperatura del planeta, produciendo cambios climáticos y sociales de importancia. Derretimiento de los polos. Los satélites se verán dañados y colapsarán los medios informáticos.
– Los sistemas organizadores de nuestra sociedad sufrirán un caos. Cabe la posibilidad de que deje de utilizarse el dinero como medio de intercambio.
– El campo gravitacional de la Tierra atraerá grandes asteroides. Cobra vida la posibilidad de que un cometa ponga en peligro la existencia de la Humanidad.

Cosas así.

Ahora la buena: todo esto ocurrirá antes de 2012, año en que todo mejorará: es la fecha del advenimiento del Bien Puro y Total. Antes de esa fecha -se supone-, la Humanidad deberá haber decidido entre desaparecer como especie destructiva o evolucionar hacia una nueva era de integración con el universo. Serán buenas noticias para los organismos que viven o vivan (o vivamos, o viváis) debajo de la tierra. Hay que admitir que no suena mal del todo.

Al mal tiempo buena cara. Estas nuevas, someras interpretaciones más o menos libres pero más o menos fundadas (sobre todo a partir de las profecías mayas), son realmente el preludio de un nueva era para regocijo de aquellos que hayan sido capaces de aguantar el tirón. (Imaginarse aquí de esa fantasía, prematuramente viva en cierta clase de filmes sobre holocaustos, de una resistencia atrincherada en un supermercado o en una iglesia cuyas puertas arrancadas alimentan el fragor de una hoguera). En su lógica resistencia a creer todo esto, es posible que Vd. ya haya lanzado contra quien escribe más de uno y más de dos argumentos (e improperios). Sería lógica, por ejemplo, la siguiente observación: si se está hablando de una nueva era, ¿no habría que delimitar la vieja era? Pues bien: se señala el tiempo del no-tiempo en el período de 20 años previos al 2012. En este lapso, vivimos en lo que los “mayófilos” denominan “El Gran Salón de los Espejos”, en el que nos enfrentamos a nosotros mismos, analizándonos y acariciando la posibilidad de cambio con nuestras manos.

Todo este asunto empieza hace poco. ¿Recuerda Vd. que ocurriera algo especial el 11 de agosto de 1999? Haga memoria. Ajá: el eclipse. Paco Rabanne consagrándose como el más cenizo y cretino de los diseñadores de moda de la Historia, proclamando, como un granjero de Iowa que acabase de escuchar la Guerra de los Mundos de H. G. Wells: “¡Es el fin del mundo!”. Pero alguna base había en sus palabras y a su pesar. De acuerdo a numerosos profecías-civilizaciones-doctrinas-mitos, la Humanidad entraba en una etapa final de grandes cambios que termina, ya se ha dicho, en el año al que se dedica esta publicación. Se sabe hasta el día: 22 de diciembre de 2012. Cae en sábado.

La principal de estas fuentes de información viene de la cultura maya. De acuerdo a la primigenia etnia americana, nuestro 2012 marca el término del Gran Ciclo de 5.125 años iniciado en el 3113 a.C. Puesto que se ha utilizado la ironía en algún momento de este artículo, convendrá recordar aquí que los mayas fueron uno de esos pueblos que desarrollaron extraordinariamente la astrología y la matemática del tiempo. Quinientos años antes que los árabes, ellos ya utilizaban el cero y manejaban un sistema binario. Maravillosos astrónomos, establecieron en su época la rotación completa de la Tierra alrededor del Sol en 365,2420 días -la NASA la mide hoy en 365,2422- y comunicaron que la rotación de nuestro sistema solar alrededor de la galaxia dura 25.000 años. Tomémosles, por favor, en serio.

Mundo maya

Según el calendario maya, el 21 de diciembre del 2012 marca el fin de un ciclo de la civilización humana. Una cosa está clara: el último día no significa la llegada de ninguna calamidad; sino que implica una nueva conciencia cósmica y una transición espiritual. Dijeron los mayas que ese es el último día del treceavo Baktun, y registraron esta fecha como 13.0.0.0.0. Para entender qué significa eso, lo primero será echar un vistazo a su manera de echar cuentas:
Número de días Término
1 Kin (Día)
20 Unial (el número es clave en el mundo maya)
360 Tun
7.200 Katun
144.000 Baktun
De ahí se sabe que, por ejemplo, 6.19.19.0.0 equivale a 6 Baktun, 19 Katun, 19 Tun, 0 Unial y 0 Kin. En total esto hace 6 x 144000 + 19 x 7200 + 19 x 360 = 1.007.640 días. 13.0.0.0.0 equivale a 13 x 144000 = 1.872.000 días, casi 5.125,36 años. De acuerdo al estudioso J. Eric S. Thompson, los 0.0.0.0 mayas equivalen al día Juliano 584.283, es decir, al 11 de agosto del 3114 antes de Cristo.
Por tanto, el 13.0.0.0.0 son 5.125 años después de esa fecha. Es decir, 21 de diciembre del 2012.
Ya que los mayas fueron rigurosos observadores del cielo, los estudiosos de la civilización maya estudiaron el futuro cielo del 12 de diciembre del 2012 y se dieron cuenta de por qué los mayas establecieron este día como el último (o primer) día. Este día será un solsticio de invierno en el hemisferio norte (el día en el que el sol está más alejado de la Tierra). El Sol se moverá hasta solaparse exactamente con el punto eclíptico de intersección de la galaxia de la Vía Láctea y el Ecuador.

Pirámides y Torres (Gemelas)

Todo apela, hablando en plata, al fin del materialismo por las malas. Existe una profecía similar en la parte trasera del billete de un dólar. Uno de los sellos es una pirámide. Esta tiene 13 capas. En la cima de la pirámide se encuentra un radiante ojo de sabiduría. ¿El despertar de la humanidad después del 13er Baktun? Atentos a las inscripciones del sello yanqui: “Annuite coeptis” (los dioses están observando nuestros comportamientos) y “Novas Ordo Seclorum” (el nuevo orden en la nueva era). Echa un vistazo a www.greatseal.com. ¿Visto? Seguimos.
Por lo visto existe una profecía encerrada y expresada matemáticamente en el diseño de la Gran Pirámide (egipcia). Para muchos –caso del investigador Otto Hesse- sus pasadizos, pasillos y cámaras poseerían un altísimo simbolismo. La medida de éstos es utilizada para calcular períodos históricos, siendo verdaderos registros cronológicos del desarrollo de la Humanidad por un período de 6.000 años. Por ejemplo las medidas y proporciones de la Cámara de la Reina indican la fecha del año 4 antes de Cristo, fecha exacta del nacimiento del Mesías. La Gran Galería registra la fecha de su crucifixión. Misteriosamente en el período que se adjudica a los años 1918 a 1928 está simbolizado con el mítico número 666 en la Cámara del Triple Velo. También se profetizan las grandes guerras, magnicidios y debacles de todo tipo que cambiaron el curso de la Historia.
A partir de 1987 se profetiza un período de confusión, cambios geográficos, geopolíticos y climáticos que terminan con la última fecha de la profecía: el 17 de septiembre del año 2001, fecha considerada el fin de una época. Se capta a primera vista el desfase de seis días respecto al 11-S; quizás se deba a desajustes mínimos entre la fecha de construcción del monumento y nuestra época. Ese día acaba y empieza al mismo tiempo una época de refinada maldad y corrupción; al mismo tiempo una cúspide y un canto del cisne del villano humano.
Retrocedamos ahora un par de años. Una semana después de la conjunción planetaria y el eclipse de Sol del 11 de agosto de 1999 (Paco Rabanne, etc), se habían registrado en todo el mundo más de 30 terremotos y sismos, algunos de gran intensidad y mortalidad elevada, como los de Turquía y Grecia. También hubo movimientos sísmicos en países de América Central y en Perú. Un tal Nostradamus predijo en su libro de profecías, Centurias, que un evento trascendental ocurriría en el mes de julio de 1999. Este evento fue un hecho memorable muy importante. El mismo marcó el inicio de la batalla entre lo correcto y lo perverso. La mayoría de sus profecías no fueron claras en términos de tiempo. Sin embargo, con relación a este evento, el escribió claramente el tiempo exacto: julio de 1999. ¿Le perdonamos el pequeño error de cálculo?

Los prontos de Richter

A estas alturas debería estar claro que nadie debería meterse en una hipoteca sin realizar la preceptiva consulta al astrólogo de turno. Esta observación sirve para las inversiones en bolsa. No se ría, ya sabe que los gobernantes más poderosos siempre han sido aficionados a los mediums (un día hablaremos del apasionante mundo del franquismo esotérico). Hacienda debería considerar -tal vez ya lo ha hecho- el epígrafe de astrólogo.

Astrólogo fue Edgar Cayce (1877-1945). Durante su vida, vaticinó la segunda ascensión de Alemania con dos décadas de antelación, el crack del 1929, que EEUU entraría en guerra en 1941 y que en 1945 sería de la victoria aliada. Al morir, dejó al mundo un legado de más de catorce mil predicciones realizadas en estado de trance. Los acontecimientos profetizados por Cayce ocupan un periodo de 40 años, entre 1958 y 1998, y abarcan mucho mambo en el Golfo Pérsico a finales del siglo XX y en los albores del XXI. En lo tectónico, llamó la atención sobre los mares del sureste asiático y norte de Australia. Señaló los estrechos de Davis (cerca de Groenlandia, al norte de Canadá) como una zona vital. Cayce advirtió, en 1932, que cuando se observe la primera demostración de ciertas condiciones en el Pacífico Sur, se den alzamientos y hundimientos en el Mediterráneo y se registre una mayor actividad en el monte Etna, sabremos que ha comenzado el periodo de grandes catástrofes mundiales. En un vaticinio hecho en 1941, dijo que la parte continental de EEUU se vería afectada por los movimientos telúricos, pero que los mayores daños los padecería la costa oeste, los estados del centro y la costa oriental. Antes se producirían grandes explosiones en el Vesubio y en el Monte Pelado, en la Martinica. Cuando uno de los dos o los dos comiencen a rugir, en los tres siguientes meses, la costa sur de California y las zonas situadas entre el Lago Salado y la parte meridional de Nevada pueden verse inundadas. Tanto Los Angeles como San Francisco serían destruidas antes que Nueva York.

Ahí va un resumen de las profecías de Cayce:
– El mundo sufrirá una gran crisis financiera.
– Tendrá lugar el gran terremoto de California. Carolina y Georgia serán inundadas. Destrucción de Nueva York. Los grandes lagos verterán sus aguas en el Mississipi.
– Nuevas tierras surgirán en el Atlántico y el Pacífico, frente a las costas americanas, como los restos de continentes perdidos en otras épocas.
– Todo el continente sudamericano se verá sacudido de norte a sur.
– La mayor parte del Japón se hundirá en el mar.
– Europa septentrional se modificará en un abrir y cerrar de ojos. Los lugares dónde se desarrollaban las batallas de la guerra mundial estaban destinadas a convertirse en océanos, mares y bahías.

Todo mal. Pero atentos al final feliz, que ya sabíamos por los mayas:
– La tierra experimentará un cambio de sus polos electromagnéticos. Una vez cumplido el cambio de los polos, no habrá más desastres geológicos.
– El advenimiento de un nuevo Mesías y de otros dirigentes espirituales ocurrirá casi al final del periodo de grandes trastornos geológicos.

Mejor, ¿no? Pues bien: ya metidos en harina, revisemos someramente otro pronóstico, este mucho más antiguos. Escuchemos a Juan de Jerusalén nacido cerca de Vezelay, Francia, alrededor de los años 1040 ó 1042 y fundador de la enigmática orden de los Templarios, nacida en el transcurso de la Primera Cruzada, en 1118. Murió poco después, en el año 1119 ó 1120, a la edad de 77 años. Su libro de profecías, o más propiamente dicho Protocolo Secreto de las Profecías, habría sido conocido por Nostradamus, a quien sirvió de inspiración y guía para sus propias visiones proféticas. Otro manuscrito, descubierto en Zagorsk, cerca de Moscú, y que data del siglo XIV, califica a Juan de Jerusalén de prudente entre los prudentes, santo entre los santos y que sabía leer y escuchar el cielo.
Las profecías parecen escritas específicamente para este fin de milenio, como si éste fuera el tiempo en que deben darse a conocer. Todas ellas comienzan con la frase: “Cuando empiece el año mil que sigue al año mil…”. Dice el escriba que en esos días, que ahora estamos viviendo…: “La Tierra temblará en muchos lugares y las ciudades se hundirán; todo lo que se haya construido sin escuchar a los sabios será amenazado y destruido; el lodo inundará los pueblos y el suelo se abrirá bajo los palacios. El hombre se obstinará porque el orgullo es su locura; no escuchará las advertencias repetidas de la Tierra, pero el incendio destruirá las nuevas Romas y, entre los escombros acumulados, los pobres y los bárbaros, a pesar de las legiones, saquearán las riquezas abandonadas. (…) El sol quemará la Tierra; el aire ya no será el velo que protege del fuego, no será más que una cortina agujereada, y la luz ardiente consumirá las pieles y los ojos. El mar se alzará como agua enfurecida; las ciudades y las riberas quedarán inundadas y continentes enteros desaparecerán”.

El final -seguro que ya lo han adivinado- dice: “Los hombres se refugiarán en las alturas y, olvidando lo ocurrido, iniciarán la reconstrucción…”.

¿Vuelve Quetzalcoatl?

Según la cosmogonía de los aztecas, existieron cuatro soles o edades antes que la nuestra, cada una de las cuales finalizó con grandes catástrofes naturales que diezmaron a la Humanidad. El mito de los cinco soles es conocido por la literatura azteca y por los pocos códices (libros) que sobrevivieron a la destrucción de los conquistadores. Algunos de estos son los llamados “Calendario azteca”, “Piedra del Sol” o “Piedra de los Soles”, una de las piezas arqueológicas más estudiadas y controvertidas que encierra en el Museo Nacional de Antropología de México. Se trata de un gigantesco disco de piedra de más de tres metros y medio de diámetro y un peso cercano a las 25 toneladas, que representa esquemáticamente la compleja cosmogonía azteca. Hoy en día casi todo el que está en el tema de los aztecas coincide en que la figura central representa al Sol actual, y los cuatro grabados que la rodean a los soles anteriores. Lo que no está del todo claro es en la duración que habrían tenido cada uno de estos períodos, que comprenden varios ciclos de 52 años por cada edad. Según los distintos estudiosos, las cifras van desde los 600 años hasta varios miles de años por Edad/Sol. También resulta difícil establecer cuando terminará esta Quinta Edad o ciclo; las profecías aztecas señalan que la humanidad que viva bajo el Quinto Sol será destruida por terremotos y por “fuerzas que hacen un ruido superior al trueno”. De ese quinto Sol, llamado Ollintonatiuh (Sol de Movimiento), se dice que “traerá movimientos de tierra, habrá hambre y así pereceremos…”. ¿Estamos cerca del fin del Quinto Sol profetizado por los aztecas? ¿O este culminó con la entrada de Hernán Cortés, como sostienen algunos autores, por la actual Veracruz? ¿Es ese el sol bajo el que nos estamos tostando? ¿Regresa Quetzalcoatl?

Ruegos y conclusiones

La séptima profecía maya, que hemos dejado para el final, indica la posibilidad del nacimiento de una nueva conciencia. En los 13 años que van desde 1999 hasta el 2012 –ahí estamos-, todos los seres humanos tendrán la oportunidad de romper sus limitaciones, accediendo a una armónica manera de entender la vida en sociedad y comprendiendo la realidad más allá de sus sentidos. La luz emitida desde el centro de la galaxia sincronizará a todos los seres vivos, permitiendo una nueva realidad. El sistema solar saldrá de la Noche para entrar en el Amanecer de la galaxia. La mente del hombre evolucionará; quienes eleven su energía vital vibrarán más alto y tendrán, incluso, posibilidades de comunicarse a través del pensamiento. Se conformará un gobierno mundial armónico, con los seres más sabios y evolucionados del planeta: es alta la probabilidad de que se diluya el concepto de nacionalidad.

Lo dejamos ahí. Y para terminar, un consejo (al mal tiempo buena cara), un anhelo (que visibilicen claramente de una vez por todos los OVNIs, y que seamos colonizados), un recordatorio (la fecha clave es el 22 de diciembre de 2012, sábado) y un notición: el fin del mundo es, realmente, en 2112, que para algo es capicúa y año santo.

© Bruno Galindo

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