En 1979, los flacuchentos Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia estaban en primer año de educación media en el Liceo 6 de San Miguel. Solo les bastó una conversación: Tenían las mismas ideas e intereses. Fue el comienzo de lo que serían posteriormente.

Junto a un grupo de amigos Roque, Michel, Patito, Jorge, Miguel y Claudio, molestaban e interrumpían en clases y, para desconcierto de sus profesores, se sacaban excelentes calificaciones.

Algún tiempo después, se produjo el encuentro con los hermanos Beltrán (Rodrigo y Alvaro), vecinos de Claudio Narea. Cierto día una emisora de radio anunció un especial de un grupo punk británico: “The Clash”. Esta música les gustó; y Rodrigo Beltrán compró discos de varios grupos: The Cure, UB-40, The Stranglers, Depeche Mode, The Specials, The Clash, entre otros. La idea de hacer algo propio fue tomando mayor fuerza. Jorge escribió sus primeras canciones, y junto a Miguel, Claudio y los hermanos Beltrán formaron “Los Pseudopillos”, que grabó varias cintas caseras empleando palmas, golpes en las mesas y falsetes.
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El sujeto a quien alude González se convertiría inclusive en el manager de la banda. Se trataba de Carlos Fonseca. Ambos se conocieron en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, cuando en 1983 los dos ingresaron a estudiar licenciatura en música. “Me hice amigo de él al tiro- señala Fonseca- porque era el unico al que le gustaba la música rock y además me caia super simpático, porque era ácido en la clase con los profesores”. Por aquellos mismos días, ya egresados del liceo, Claudio lavaba autos en las inmediaciones de Chile Films y estudiaba licenciatura en sonido. Mientras que Miguel reunía algunos pesos empleándose como junior.

La permanencia en la Universidad fue breve, pero sirvió para que Fonseca se enterara que su compañero lideraba un conjunto recién bautizado como “Los Prisioneros”. “Yo tenía un programa en la radio Beethoven y también escribía en una revista- cuenta Fonseca- En el programa radial empecé a hacer un llamado para que mandaran cintas para hacer un especial de fin de año el 83 con puras bandas nuevas chilenas. A través de un amigo, le pedí a Jorge que me mandara una cinta de su banda. Ahí lo escuché y aluciné. Parece que escuché “La voz de los 80″ recien grabada entera por Jorge… (el cassette) estaba grabado en una simple aparato de radio”.

Al poco tiempo se organizó una sesión de grabación en la disquería Fusión (ubicada en la comuna de Providencia y perteneciente a familiares de Fonseca) para finales de 1983, se registraron una serie de temas que se pasaron en el programa radial. A contar de los primeros meses de 1984, se realizaron algunas presentaciones, y se partió en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile gracias a la intervención de Cristián Galaz, fotógrafo y futuro director de los video-clips de Los Prisioneros. Entonces tocaban con instrumentos arrendados y amplificadores prestados.

Queda claro, entonces, que Los Prisioneros pasaron sus inicios tocando en círculos universitarios. Eran acogidos por jóvenes, más bien, intelectuales que representaban un elite estudiantil pues provenían de sectores acomodados y de la clase media. Esta circunstancia no pasó inadvertida para la sensibilidad de los jóvenes músicos. Ellos, muy comprometidos con la extracción social popular, habrían celebrado ser escuchados por su gente, por liceanos de su misma edad. Pero resultó todo lo contrario. Donde no querían escucharlos, demostraban directamente su molestia: “¡ Muévanse mierdas !. ayer fue Travolta, hoy es Michael Jackson, ¿ quién será mañana ?, caen rendidos hasta delante de Charly García… ¿ no es cómo mucho ?, ¡ vayanse a la cresta !”. Estas y otras expresiones vomitaba la boca de Jorge, que aprovechaba el escenario para reprochar a su público la falta de entendimiento.

Pasado el invierno del 84 se compraron los primeros instrumentos con dinero prestado y se acercaba el momento de pensar en un disco propio. Y así fue, el 13 de Diciembre del 84′ se lanzan a la calle las primeras mil copias del primer LP, “La voz de los 80”. Durante el primer semestre del 85, el disco suena en algunas radios y el éxito es grande lo que mueve al sello EMI para que se firme un contrato de distribución para “La voz de los 80”, hecho inédito para la música chilena estancada en esa primera mitad de la década.

El sonidista Alejandro Lyon conoció al grupo en la etapa de mezclas de ese primer largaduración. “Si bien inicialmente como instrumentistas no eran buenos y su sonido era crudo… había intenciones de hacer algo grande…”

El 15 de septiembre del 86′ lanzan el segundo largaduración titulado “Pateando Piedras”, y para ese día ya tiene 5 mil copias vendidas. El 1º de noviembre de ese año Los Prisioneros repletaron el Estadio Chile en doble función en lo que fue el primer concierto masivo de un grupo rock chileno.

Fue durante la grabación de “La cultura de la basura” que se manifestaron las primeras señales de desencuentro al interior del grupo. El ingeniero en sonido Alejandro Lyon recuerda que “…había una apatía total de Jorge cuando las canciones no eran de él. Para ese disco tendí a salirme…”. Efectivamente Lyon se saturó de ese ambiente tenso; abandonó las sesiones de grabación y en su lugar puso a un asistente. El disco quedó un poco a la deriva y las grabaciones no eran todo lo buenas que se deseaba.

Además de los comparativamente pobres resultados logrados en el estudio, la gira de promoción del disco se vio alterada por circunstancias de orden público. En el mes de marzo de 1988, la publicación opositora “Fortín Mapocho” anunciaba que Los Prisioneros votarían NO en el plebiscito (no podía esperarse menos pues eran el mejor reflejo del sentir de la juventud chilena contra la dictadura), convocado para resolver la continuidad de Pinochet en el poder. La gira por 30 ciudades de Chile se debió suspender en el mes de mayo, debido a que varios gimnasios no dieron su autorización para que la banda se presentara.

El balance final del grupo respecto a “La cultura de la basura” y al fracaso de la gira, fue recogido en la prensa de entonces: “…nos descuidamos un poco. Creímos que cualquier cosa que hiciéramos nos iba a resultar perfecta y no fue así, de ninguna manera. Fue un disco musicalmente bajo. Si hubiera sido alto, había saltado todas las prohibiciones”.

Después del lanzamiento del tercer largaduración, Los Prisioneros como proyecto estaban mirando mucho más allá del territorio nacional. “Nuestra proyección era poder ser exitosos en el mundo entero, era tan ambicioso como eso”, dice Fonseca. “Personalmente yo me siento frustrado con Los Prisioneros, porque no logré conseguir a lo que íbamos. Podríamos haber subido más y consolidarnos como artistas regionales…”.

También hubo algo de mala suerte. En una gira a México, a mediados de 1988, después de la primera presentación, Claudio Narea se enfermó de hepatitis y no quedó más remedio que cancelar el resto de los conciertos.

De allí en adelante, todo fue como partir de cero. Jorge González y Carlos Fonseca habían optado por mejorar en el extranjero la producción del nuevo disco. Para tal propósito viajaron a Los Angeles (California) donde se encargarían de mezclar los temas. En febrero de 1990, ya de vuelta en Chile, Claudio Narea comunicó a los otros su retirada del grupo. Cuando el alejamiento se hizo público, en mayo del 90′, Narea declaró: “Decidí irme porque no estaba a gusto, por decir lo menos. Todo se hacía a la pinta de Jorge, quien desde hace mucho tiempo no consideraba para nada mi opinión o la de Miguel. Ya es tiempo que se acaben las mentiras. Los Prisioneros fueron una farsa a partir de un momento. Al comienzo, y hasta poco después de que salió Pateando Piedras, éramos auténticos, pero comenzamos a cambiar…”.

Luego de un largo período en silencio, sale a la luz el cuarto y a la postre el último álbum de Los Prisioneros, “Corazones”. Muy importante resultó el respaldo proporcionado por los video-clips que acompañaban a temas como “Tren al sur” o “Estrechez de corazón”. En ellos se recurrió a cámaras de cine, helicópteros para las tomas aéreas y actores o modelos.

Se optó por no reemplazar a Claudio Narea, sino que apoyarse en Cecilia Aguayo (Las Cleopatras) a la que se confió los teclados y coros; y Robert Rodriguez (Banda 69), quién se encargó de la guitarra.

En gloria y majestad, Los Prisioneros fueron invitados al show del Festival de Viña del Mar de 1991. Pero internamente existía una crisis de motivación. Cuando se discutía la presentación que se llevaría al escenario, Jorge manifestó una opinión contundente: “…que importa lo que hagamos, si total van a aplaudir igual…”. Días después del Festival, Jorge y Miguel manifestaron su voluntad de disolver el grupo porque no tenía sentido continuar. La única motivación del último tiempo no fue otra que reunir dinero, pues el aporte musical ya estaba acabado.

El 24 de octubre de 1991, González y Tapia, junto con lanzar un video titulado “Grandes exitos de Los Prisioneros”, anunciaron la disolución definitiva de la banda. La gira ?Adiós Prisioneros? recorre todo Chile y finaliza en el court central del estadio Nacional en diciembre de 1991.

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