Las inmobiliarias rebrotan

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Las inmobiliarias rebrotan

Las agencias vuelven a los barrios, aunque algunas prescinden de locales propios para abaratar los servicios

Tocado gravemente por la crisis durante los últimos años, el negocio de la intermediación inmobiliaria resurge. No deja de resultar chocante que el local del barrio que llevaba varios años vacío haya sido ocupado ahora por una agencia inmobiliaria y no por una tienda, por ejemplo, de esmalte de uñas regentado por ciudadanos orientales.

Pero lo cierto es que está pasando. Las enseñas tradicionales vuelven a abrir oficinas de la mano de nuevos franquiciados. Es el caso de red de Look & Find, que ha inaugurado siete en los primeros cuatro meses del año.

Se venden más casas pero uno se pregunta si tantas como para necesitar más agencias. “Se ha debido tanto al incremento de la demanda de nuevos clientes como a la toma de decisiones de clientes que llevaban bastantes meses analizando la apertura de una oficina y han considerado que había llegado el momento de poner en marcha sus proyectos”, dice David Moya, director general de Look & Find.

Otra de las clásicas, Alfa Inmobiliaria, ha anunciado que tras casi cinco años de estancamiento, en los cuatro primeros meses del año ha puesto en funcionamiento 27 en Madrid, Sevilla, Huelva, Córdoba, Castellón, y Valencia. “El incremento de aperturas se debe a una convicción generalizada de que el sector está viviendo un claro cambio de tendencia, que este ofrece ahora grandes oportunidades y a las mayores facilidades en el crédito”, cree Jesús Duque, vicepresidente de la compañía.

Las enseñas tradicionales crecen de la mano de nuevos franquiciados

Y mientras unos abren nuevos locales, otros apuestan por no tenerlos y ofrecer, a cambio, precios de más bajos. “Obviamente para administrar un inmueble no es preciso tener un local a pie de calle con los costes que esto implica. Nuestra oficina es prácticamente virtual, se le da un servicio al cliente 24 horas al día y todo por internet”. Es la filosofía que sigue el grupo inmobiliario Cat Real Estate, que ha puesto en marcha Rentando.es, portal de gestión de alquileres low cost. Un local a pie de calle en una buena ubicación puede tener un coste aproximado de 40.000 euros anuales, un dinero que se ahorra en este modelo de negocio online, puesto que todas las operaciones se gestionan desde una única oficina central ubicada en Barcelona.

Esta forma de trabajar ya existe en Estados Unidos. A diferencia de las oficinas tradicionales, en las que se abona un porcentaje sobre la renta que paga el inquilino (normalmente entre el 3% y 5% de media), aquí se cobra un precio fijo por la gestión, independientemente de la renta.

Hay tres paquetes y el más económico, que cuesta 15 euros al mes, incluye gestión, cobro y actualizaciones de renta, rescisiones, gestión de incidencias, atención al inquilino, comercialización y selección de nuevos inquilinos, análisis de solvencia, redacción de contratos, gestión de la fianza, descuento en seguros y comunicación con el administrador de la finca. El contrato, que se paga mes a mes, no tiene permanencia mínima, el cliente lo puede rescindir cuando quiera. Solo tiene que avisar con un mes de antelación.

“Es una tendencia del mercado, no solo del inmobiliario, sino del mercado global. En estos momentos hay un tipo de público que precisa un buen servicio a precios reducidos. Lo que estamos haciendo es aprovechar el canal de internet para reducir los costes y ofrecer servicios más enfocados”, señala Nacho Castella, director de Cat Real Estate. Y no solo se gestionan alquileres sin oficina. Este mismo grupo ha creado una plataforma low cost, melibero.com, para vender pisos en España.

También prescinde de los locales a pie de calle la firma RH Properties, cuyo negocio surge en Madrid hace dos años, en plena crisis. Está inspirado en el funcionamiento de las grandes cadenas inmobiliarias de países como Estados Unidos, Australia o Canadá. Se trata de una red formadas por agentes independientes que desarrollan su actividad en su zona de influencia sin necesidad de contar con grandes inversiones en oficinas o personal.

Los agentes inmobiliarios online cobran un precio fijo por la gestión, al margen de la renta

Operan desde un despacho profesional o incluso desde el propio domicilio del franquiciado. “Estos profesionales, a través de nuestra bolsa con más de 20.000 propiedades en venta y alquiler, desarrolla un trabajo idéntico al que haría un compañero en una oficina tradicional”, explica Rodrigo Herrero, director general de RH Properties. El grupo cuenta con 60 oficinas y espera cerrar el ejercicio con 20 más repartidas por Andalucía, Levante, Cataluña y los dos archipiélagos.

El ladrillo vuelve a ser una oportunidad de autoempleo para profesionales del gremio que se quedaron colgados durante la crisis. “Si hace un año se interesaban por nuestro negocio 90 personas al mes, hoy lo hacen 150”, señala Herrero. “Son muchos los que prefieren un modelo de negocio de baja inversión, con escasos gastos fijos, pero con el respaldo de un grupo”, añade.

Estos agentes que aterrizan de nuevo en el sector inmobiliario tienen el respaldo de grupos solventes. Pero ojo porque no todos tienen ese paraguas. “La aparente estabilidad de la que empieza a gozar el sector de la compraventa es precursora de un repunte en el inicio de la actividad intermediadora que empieza a atraer a agentes espabilados que ven una ocasión de negocio y consideran innecesaria cualquier preparación, simplemente con un carácter comercial es suficiente para ‘colocar’ un piso”, señala Pedro E. López, presidente de la Asociación Profesional de Expertos Técnicos Inmobiliarios (Apeti).

Lo dice con conocimiento de causa. “En la época del boom los pisos se despachaban por sí solos prácticamente y ello provocó la aparición de mucho avispado que se sumó al carro, provocando en muchos casos distorsiones de todo tipo y denuncias por estafas, cargando al resto de profesionales con una etiqueta de especulador y de falto de profesionalidad”.

La asociación aboga por el autoempleo pero recuerda que el profesional debe contar con una asociación que le respalde y le exija el cumplimiento de un código de buenas prácticas, así como tener un seguro de responsabilidad civil que cubra posibles incidencias (obligamos a nuestros asociados a disponer de un seguro por 1,5 millones de euros). “Además, exigimos acogerse al sistema arbitral de consumo, aspecto fundamental para que el cliente disponga de una herramienta ágil y económica para denunciar situaciones en las que crea que sus derechos han sido perjudicados”.

Esta misma semana la Asociación Profesional de Expertos Inmobiliarios y la Unió de Consumidors de Catalunya han firmado un convenio para garantizar los derechos de los clientes de las inmobiliarias.

Fuente: El País (España)



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