Desde su vuelta en 1984, en el vocabulario de Deep Purple no aparece la palabra “pausa”. Ni siquiera cuando casi toda la alineación, la octava de esta infinita carrera, ha pasado los 70 años de edad. Sin embargo, el coronavirus les ha obligado a quedarse en casa renunciando temporalmente a lo que más disfrutan: los conciertos en vivo. “Es el parón más largo que nunca he tenido en mi vida. Es extraño, pero estoy vivo”, dice el cantante Ian Gillan (Hounslow, 74 años) a este diario por teléfono. En la primavera de 2019, la banda británica se reunió para concebir su vigesimoprimero álbum, Whoosh! (earMUSIC), que se lanza el próximo 7 de agosto. Además, este año el 50° aniversario de la publicación de un clásico de su discografía, In Rock (1970).

Whoosh! es una expresión onomatopéyica que quiere representar por un lado los recursos siempre más limitados de los que la humanidad dispone para hacer frente al problema de la superpoblación y por el otro la naturaleza transitoria del tiempo. “Parece ayer cuando entré en la banda en 1969”, afirma Gillan reflexionando sobre el principio de su increíble trayectoria. Entonces era un joven cantante con una voz prodigiosa, que había alcanzado cierta fama interpretando el protagonista de Jesus Christ Superstar, de Andrew Lloyd Webber. “Sus notas altas eran estremecedoras”, contó Jon Lord, el histórico teclista de Deep Purple fallecido en 2012.

Cuando los miembros de Deep Purple lo escucharon por primera vez en vivo, durante un concierto de los Episode Six, no quedó ninguna duda: había que ficharlo. Y con él llegó también el bajista, Roger Glover. Durante los primeros ensayos compusieron Speed King y al día siguiente Child In Time, la canción que consagró a Gillan. Así nació una de las primeras obras maestras del rock duro, In Rock, con una portada tan famosa como sus canciones: las caras de los músicos esculpidas en el Monte Rushmore en lugar de las de los expresidentes de Estados Unidos George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt e Abraham Lincoln.

“Es un disco muy importante porque es el momento en que la química humana simplemente explotó”, cuenta Gillan. “Cuando Roger y yo entramos en la banda en 1969 lo hicimos como compositores también. Deep Purple ya era un gran grupo y yo tenía todos sus discos. Cuando empezamos a tocar fue como una supernova, simplemente fantástico. Te puedo decir que In Rock es mi álbum preferido, pero si me haces la misma pregunta mañana podría darte otra respuesta. Es como pedir quién es tu hijo favorito”, añade.

Después de ese gran estreno, siguieron otras obras que entregaron a Deep Purple un puesto en la historia, como Fireball (1971), Machine Head (1972) y, sobre todo, el directo Made In Japan (1972). Pero, la química ya había desaparecido y pronto los desacuerdos entre Gillan y el guitarrista Ritchie Blackmore comprometieron el proyecto. El cantante se retiró junto a Glover y el hueco fue llenado por David Coverdale y Glenn Hughes y con ellos se pasó a sonidos más cercanos al blues: “Ritchie y yo teníamos ideas diferentes. Él quería que Deep Purple cogieran el estilo de Rainbow [la banda que formó Blackmore en 1975], con canciones más comerciales y él es fantástico en hacer eso, pero yo prefiero canciones más experimentales. Por eso nos separamos, supongo”.

Deep Purple se disolvieron en 1976, sobre todo por los problemas de droga del nuevo guitarrista, Tommy Bolin, que al final murió por sobredosis. En 1983, Gillan fichó por Black Sabbath y cantó en el álbum Born Again. Sin embargo, sentía que no era lo suyo. Echaba de menos las improvisaciones de su exgrupo, del que antes de ser cantante era aficionado. Un año después, Blackmore y Gillan se esforzaron en retomar lo que habían dejado. La banda volvió con Perfect Strangers y aguantó unos discos más hasta que el cantante abandonó nuevamente. Solo en 1994 finalmente fue Blackmore quien decidió alejarse.

En 2016, Deep Purple alcanzaron un puesto en la Rock and Roll Hall of Fame, uno de los reconocimientos más prestigiosos del género. En la ceremonia estaban todos los miembros más importantes de su historia, incluso David Coverdale y Glenn Hughes, de los que nunca Gillan quiso cantar sus canciones, como Burn o Stormbringer: “No lo haría tan bien como David, no sonaría como debería ser. Es su música, su estilo, sería equivocado”. A la cita faltaba Blackmore, al que se le recomendó no acudir.

El nuevo disco, Whoosh!, del que ya se han lanzado Man Alive y Throw My Bones y está producido por Bob Ezrin (que ha trabajado, entre otros, con Pink Floyd y Alice Cooper), ha sido una oportunidad para que Gillan volviera a reflexionar sobre su largo camino y el de Deep Purple. El “método sigue siendo el mismo desde 1969″, lo que cambia es “el tiempo”. “La única verdadera diferencia es el tiempo y las circunstancias. Cambia cuándo se ha escrito y cómo somos en ese momento. No teníamos ninguna idea sobre lo que iba a pasar cuando fuimos en el estudio de grabación. Es más, no hemos tenido ni una vez idea de lo que iba a pasar desde 1969. El método de Deep Purple nunca ha cambiado. Nadie ha venido con una canción lista diciéndonos que teníamos que ensayar. La música viene desde la improvisación y siempre llega primero, porque la banda es principalmente instrumental”, sostiene.

La esencia de un grupo que ha vendido más de 100 millones de discos se encuentra en los conciertos en vivo. Los músicos que forman parte del proyecto, especialmente el teclista Don Airey y el guitarrista Steve Morse, improvisan muchos de sus solos. El virtuosismo es el elemento sobre el que se basan canciones con melodías inmediatamente reconocibles como Black Night o Smoke On The Water. Pese al ligero ictus que afectó al baterista Ian Paice en 2016 y le provocó problemas en la mano derecha, Deep Purple no sienten la necesidad de cambiar en la composición de las canciones ni tampoco en la manera de tocar. En ese sentido, el coronavirus no les afectará: “Tocaremos música y nos divertiremos como siempre”.


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